viernes, 7 de septiembre de 2012

Lucas perdido en Barcelona


Mientras los barcos toman sol
a la vera de tus costas,
y un pez gigante se zambulle en la rambla;
Mientras Gaudí eleva sus fantasías
en tu arquitectura de vela fundida,
y los grafitis proclaman su modernidad
a lo largo de tus portones góticos…
yo, con la sal del Atlántico en la boca
y el sable de la infancia en la mano,
llego hasta vos para libertar
la añoranza de un amigo.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Pampa


Adentrarme en tus tierras,
rodando como un canto,
planeando sobre un hornero.

Mi conquista no será de

Me contaron que tu historia
es tan maciza como tus caldenes,
más antiguos que un rosado ocaso.

Mi conquista no será de

Dicen que el sur es desierto. Pero,
aunque el Curacó se escurra para siempre,
yo sé que tu río correrá por dentro.

Mi conquista no será de

fuego.

Sollozos


Advertís un aullido, filoso
como una espina.

No son los sauces llorando,
no: es tu luna que se asfixia.

Que seguirá retorciéndose en el fondo del mar…
a menos que te bebas el océano.

martes, 4 de octubre de 2011

Amor mediterráneo


Sí: andaría a pie por más de cien jornadas hacia Génova...
Me perdería por los empedrados de tu Florencia toscana,
con esa copa de vino y los tacos altos que te desvelan.

Me haría leyenda sin Rómulo ni Remo.
O le forjaría altares a ese dios,
aunque no admita que sin embargo se mueve.

Vencería a una jauría de lobos en la arena deshecha.
Me inundaría en la fuente de la calle Lavatore,
me fundiría con lo que queda de la ciudad ardida…

Hasta, orgullosa,
naufragaría en el Gran Canal turquesa
si al menos una vez más en la vida del universo,
pudiera llegar a vos y conquistarte.

lunes, 31 de enero de 2011

A mi yo cobarde

No quieras abolir la anarquía;
probá antes el manjar de las quimeras.
Lo sé, vivimos imaginando
paraísos que no existen,
pero no tengo razones
para condenar la osadía.
Prefiero tu entero yo sin mí
si fueras a ultrajar lo que me queda.
Soy esta masa de células
escapando sístoles y diástoles de tu llanto
cuando no entendés
que la tristeza en estado crudo
es tan solo un momento.
No cargues más en mí tu fracaso,
que quiero vestirme de aurora
a desprestigiar la oscuridad del alma...
aunque la felicidad en estado puro
sea tan solo un momento.

martes, 30 de marzo de 2010

En resumen

Me vi partir con el morral repleto de recuerdos
hacia inhóspitos presentes
para que mi carta de presentación fuera hoy
un manojo de buenas estrellas
simples, compañeras
que paso a revelarte en esta conversación,
como si mi tiempo hubiera transcurrido
lo que dura una charla.

Floreada

Nadie puede robarte la ilusión
de fingirte algún modo,
pero quitáte el velo
y dejá que fluya el universo
como aves sin nido
entre antenas de ciudad.
No olvidés desangrar el nudo
que solo después de llorar
se cae en la cuenta y no antes.
Esa gota de rocío
que ves rodar por la venta
es la angustia de los días
que bebemos con los ojos.
Y aún, si la soledad gustara de vos
de verte luchar contra su exceso
brindále tu ignorancia primero
que te hará flor por pensar
en las horas con ella;
sino, mirá mi jardín.

Caníbal


Si lo preguntás,
me embriagaría esta noche
para saber qué se siente...

Después,
qué importa si soy gaviota
alimentándose de humanos;
ya dejé de ser especie.

Soledad

Transitarte es el tormento de toda hora.
Es tu costado inviolable que me humilla,
que revela la flaqueaza de la esencia mía,
en el medio del silencio, de esta ansiedad
que no sabe cómo reprimir su anarquía.
Vestirte sin presagios me vuelve vulnerable,
y sin embargo, no me dejas más alternativas
que aprenderme en esta disputa
por conquistar la simpleza.
Se te quiere solo por la nobleza
de hacerme mujer al final del camino.

La noche es mi peor momento


Como si a la luna
la hubieran dejado allí,
colgada,
sin querer.

En tanta soledad
necesito una caricia.

Y esta luna sin brazos...




Para qué la quiero.





Para qué





lo quiero.

Estelar


Saldré a tu encuentro:
busco ofrendarte la mitad
de toda constelación de mi universo.

Y si son tantas las doncellas
que prendidas en el cielo
hornean crisantemos...

Yo también quiero hacer
que la noche se sonroje.

La hora inquieta


Estrellar esta ansiedad
contra el cielo de hoy,
fijando en el atardecer
líneas violetas de sangre
—excedentes de una herida—.

Pintar el firmamento
con restos de mí,
y que la noche los desplace
hacia otra zona del universo.

Es tan efímera la vida
que para qué hacer
saltar las horas.

Tempestad


Olvidé morir... ¿Habrá reparo?
Dejé sola mi soledad, y no por castigo.

Aunque tus ráfagas
hagan trizas las ventanas
jamás sabré, viento,
a qué has venido.

¿Despertarán las piedras?
¿Vendrán a visitarme los caminos?

A la memoria


Mi abuela calzaba zapatos de mimbre
que mecían mi infancia a puro color.
Sus rubios cabellos colgaban de frente:
un blanco perfume que me conquistó.
Jugaba a quererme vestida de lino y,
por su suave reloj,
pasaron los años corriendo a mis hombros,
y ahora de mimbre los pies tengo yo.

Desde la ventana


No es una rosa simplemente marchita
sino un epitafio sobre lo que aún respira:
un corazón cansado de penar,
aunque ya no le queden cicatrices.

Es aquello que, desde la ventana,
le demuestra al sol
que no fue suficiente.

El que no cree

A vos, que estas encerrado
en lo más oscuro de mi cuerpo:
¿cuán profundo ha de ser el vacío
para nunca colmarse?

lunes, 12 de octubre de 2009

Al borde

Dejar para no volver
y luchar contra el regreso
¿cuántos salieron?

De la línea cuadrada
que azota el pensamiento
¿cuántos huyeron?

Ansiedades que no encuentran
la paz del sentimiento
¿cuántos fingieron?

Por la sed de salvarse
los que no se percatan
¿cuántos bebieron?

Todos tuvimos
un al borde del abismo
¿cuántos no cayeron?

viernes, 2 de octubre de 2009

Génesis





Para darle forma soberana
a la única célula que traje conmigo,
me hago eco en el sonido de tus olas,
latiendo en ellas el porqué de mi venida.

Acá estoy, pecesito en tus honduras,
nutriéndose del lazo que,
en un acto de violencia radical y absoluto
deshará la razón que nos viene uniendo.

Es que solo así volvemos a nacer,
mamá.

viernes, 18 de septiembre de 2009

La hamaca mendiga

La soledad de la hamaca vacía
mece las preguntas
de por qué no estas jugando.
El frío del verano se refleja
en la ausencia de tu risa,
aquella que has postergado
al menos por el resto de tu vida,
mientras dure el sufrimiento
de salir a la calle
a volver por las noches
con las manos vacías.
¿Podrán las hamacas
manifestarse contra el olvido
para que se te otorgue
el derecho a la infancia?
Mientras todos se enceguecen
con el sol de la mañana,
mis ojos se abren lento
para llorar por las hamacas.

martes, 28 de julio de 2009

No sé

Mi noche de no inspiración
aspira melancolía por la boca
y se desquita por la mano:
Vericuetos de un alma en pena
que se estanca en pormenores.

De una cuota de su inocencia
se apropia el pensamiento:
Para qué existen los techos
si el cielo está estrellado.

Y es tan mezquina
que no quiso explicar por qué:
dejó correr la sangre
dejó de correr la sangre
dejó la sangre para correr.