martes, 4 de octubre de 2011

Amor mediterráneo


Sí: andaría a pie por más de cien jornadas hacia Génova...
Me perdería por los empedrados de tu Florencia toscana,
con esa copa de vino y los tacos altos que te desvelan.

Me haría leyenda sin Rómulo ni Remo.
O le forjaría altares a ese dios,
aunque no admita que sin embargo se mueve.

Vencería a una jauría de lobos en la arena deshecha.
Me inundaría en la fuente de la calle Lavatore,
me fundiría con lo que queda de la ciudad ardida…

Hasta, orgullosa,
naufragaría en el Gran Canal turquesa
si al menos una vez más en la vida del universo,
pudiera llegar a vos y conquistarte.

lunes, 31 de enero de 2011

A mi yo cobarde

No quieras abolir la anarquía;
probá antes el manjar de las quimeras.
Lo sé, vivimos imaginando
paraísos que no existen,
pero no tengo razones
para condenar la osadía.
Prefiero tu entero yo sin mí
si fueras a ultrajar lo que me queda.
Soy esta masa de células
escapando sístoles y diástoles de tu llanto
cuando no entendés
que la tristeza en estado crudo
es tan solo un momento.
No cargues más en mí tu fracaso,
que quiero vestirme de aurora
a desprestigiar la oscuridad del alma...
aunque la felicidad en estado puro
sea tan solo un momento.

martes, 30 de marzo de 2010

En resumen

Me vi partir con el morral repleto de recuerdos
hacia inhóspitos presentes
para que mi carta de presentación fuera hoy
un manojo de buenas estrellas
simples, compañeras
que paso a revelarte en esta conversación,
como si mi tiempo hubiera transcurrido
lo que dura una charla.

Floreada

Nadie puede robarte la ilusión
de fingirte algún modo,
pero quitáte el velo
y dejá que fluya el universo
como aves sin nido
entre antenas de ciudad.
No olvidés desangrar el nudo
que solo después de llorar
se cae en la cuenta y no antes.
Esa gota de rocío
que ves rodar por la venta
es la angustia de los días
que bebemos con los ojos.
Y aún, si la soledad gustara de vos
de verte luchar contra su exceso
brindále tu ignorancia primero
que te hará flor por pensar
en las horas con ella;
sino, mirá mi jardín.

Caníbal


Si lo preguntás,
me embriagaría esta noche
para saber qué se siente...

Después,
qué importa si soy gaviota
alimentándose de humanos;
ya dejé de ser especie.

Soledad

Transitarte es el tormento de toda hora.
Es tu costado inviolable que me humilla,
que revela la flaqueaza de la esencia mía,
en el medio del silencio, de esta ansiedad
que no sabe cómo reprimir su anarquía.
Vestirte sin presagios me vuelve vulnerable,
y sin embargo, no me dejas más alternativas
que aprenderme en esta disputa
por conquistar la simpleza.
Se te quiere solo por la nobleza
de hacerme mujer al final del camino.

La noche es mi peor momento


Como si a la luna
la hubieran dejado allí,
colgada,
sin querer.

En tanta soledad
necesito una caricia.

Y esta luna sin brazos...




Para qué la quiero.





Para qué





lo quiero.